sábado, 27 de marzo de 2010

¡Porque eran dias de verano, y el tiempo se los llevo!

Te despiertan cuatro rayos de sol que entran por entre las persianas, te levantas de un salto, y comienzas a subir la persiana. El dia tiene un olor especial, como a promesa de que algo bueno va a pasar, y mientras tus ojos se acostumbran a la luz rezas por ver un fondo azul liso. Pegas otro salto más y una sonrisa se adueña de tu cara y te acompaña durante el desayuno. Te acercas al teléfono y comienzas a llamar a tu gente, no necesitas más de dos frases "bicicletas y comida en la playa, a las 11 donde siempre" las palabras sobran en estos casos. Metes corriendo en tu mochila favorita una toalla y un bocadillo hecho a toda prisa, te pones la mejor ropa que existe, la de verano y coges tu bici. Sales a la calle y respiras varias veces antes de salir. A las 11 donde siempre, y como siempre están todos, nadie se quiere perder un dia de verano perfecto. "¿Quién falta?, el de siempre que llega tan tranquilo mientras todos le hechan la bronca medio en bromas, no es tiempo de discusiones. Cogeis las bicis y empezais a pedalear, tranquilamente, no hay prisa, el viaje es un placer. Vais por una carretera que bordea la costa, el aire te roza la cara y te alborota el pelo mientras notas como el olor a arena, a mar y a felicidad te entran en el cuerpo y te sacuden de arriba a abajo.
Llegais a una playa preciosa, tiene dunas, un mar azul... Una pareja pasea un perro y una niña pequeña esquiva las olas bajo la atenta mirada de su padre que lee el peiródico. Ahora si que hay prisa, sin saber cómo te has desecho de la bicicleta, la mochila, la camiseta y las chanclas, corres en bañador por la arena un poco caliente y húmeda, mientras vas dejando tu pasos marcados y la arena se te mete entre los dedos de los pies; llegas a la orilla el primero, y de repente piensas, estará fría, pero no puedes detenerte, y chapoteas por el agua, corriendo hasta que te sumerges entero y sales a la superficie de nuevo, es como si hubieras vuelto a nacer, miras atrás y todos tus amigos se abalanzan sobre ti riendo y gritando de pura felicidad.
Tras el primero de muchos baños, todos vais a las toallas a comer, como si fuera un ritual cada uno saca su comida, se forma un corro y la gente comienza a hablar de esas cosas que no tienen ninguna importancia pero que te hacen tan feliz.
A lo largo de la tarde os entretenéis jugando a las cartas, hablando, o simplemente revolcandoos por la arena y riendo hasta que la tripa te comienza a doler, sensación que te encanta y que quieres prolongar dándote otro baño.
Estas tumbado en la toalla mientras hablas con alguien a quien no ves, estás boca arriba y con los ojos cerrados, los abres y ves un cielo azul, tres pequeñas nubes con formas graciosas cruzan por encima de ti en ese momento y te levantas, ya esta atardeciendo, y el sol comienza a perderse por el hrizonte, el calor que queda lo emite la arena por la que andas undiendo tus pies en ella y sintiendo su calor, es hora de irse, pero antes el ultimo baño. Recogéis todo hablando, entre risas y juegos y de la qu os vais cogéis un helado, como siempre volveis a casa tarde, y te vas a la cama contento y con una sensación de plenitud infinita. Poco a poco vas cerrando los ojos, mientras piensas, "esto es un día de verano, ¿hay algo mejor?"
Te despiertan cuatro rayos de sol que entran por entre las persianas . . .

Dedicado a la chica que acabo de conocer y de la que hablo de calipos, bicicletas y veranos; por todos lo que vengan...