Lo que cuenta es participar dicen, y te pasas la vida auto convenciéndote de ello, sin embargo en lo más profundo de tu consciente o subconsciente o inconsciente sabes que eso no es cierto. En la vida buscas triunfar desde la cuna hasta la tumba
Toda la vida la pasas compitiendo con otros niños por ser el más mono, contra otros estudiantes por las mejores notas, contra otras personas por el mejor trabajo… puntos suspensivos…
A veces son otros los que compiten utilizándote como estandarte, otras los utilizas tú, pero las peores competiciones, las más largas, encarnizadas y duras son contra ti mismo. Compites contra tus fantasmas, contra tus miedos, contras tus anhelos, tus sueños… Compites en desigualdad de condiciones porque siempre tienes las de perder, ya que tu rival conoce tus puntos flacos y te ataca donde más te duele porque sabe que estás desarmado.
Tu adversario te derriba una y otra y mil veces.
Y tú, ¿qué haces?
Pues te levantas mil y una, te sacudes el polvo y vuelves a la competición, porque no te queda otra, porque sigues teniendo la esperanza de, poco a poco, de vez en cuando, mermar a tu oponente y salir victorioso.
La competición es dura y tu oponente también.
Dedicado a los que luchan contra sí mismos, contra sus fantasmas, contra sus inseguridades. Porque la mayoría de veces luchaís contra molinos de viento pensando que son gigantes de 4 brazos . . .
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